U7 | La movilidad del ciclista urbano
Contrariamente a lo que habitualmente se piensa, la bicicleta no es un medio de transporte peligroso o con mayor riesgo de accidente que otros.
Los riesgos son inherentes a un medio urbano altamente motorizado en el que muchos vehículos se desplazan a una velocidad superior a la permitida y contraviniendo normas de tráfico elementales para la buena convivencia. El ciclista urbano, por las propias características del sistema en el que se desplaza, se mueve por las calles más atento que otros usuarios de la vía pública.
Es decir, la conducción del usuario de la bicicleta es mucho más prudente y defensiva, lo que le otorga una ventaja muy significativa en relación a otro tipo de conductores. En todo momento, el ciclista ha de tener presente cuando utiliza la bicicleta para moverse en la ciudad que se desplaza en un medio de transporte, no en un elemento lúdico. Por lo tanto, respetar y ser respetado han de ser los principios básicos a tener siempre en cuenta.
Sin embargo, se recomienda a los ciclistas optar por las calles más tranquilas y con menos tráfico, las de prioridad invertida –calles residenciales donde éstos y los peatones tienen preferencia frente a los vehículos a motor, que no pueden superar nunca los 20 km/h–, las zonas 10, 20 o 30, donde es obligado que los vehículos no superen esta velocidad, y en todas aquellas donde exista un carril-bici o una acera de anchura suficiente para transitar sin perjudicar la movilidad de los peatones.
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Cada ciclista ha de decidir qué equipamiento utiliza para desplazarse. El casco en concreto es un elemento de seguridad y protección muy útil, pero tampoco hemos de creer que es la solución definitiva a los problemas de seguridad. En España el uso del casco sólo es obligatorio en las carreteras interurbanas. Siempre se utiliza en pruebas de competición (ciclismo en ruta, descenso) y se recomienda cuando el usuario está expuesto a ciertos riesgos (rutas de bicicleta de montaña).
Puede ser útil llevar casco en pruebas deportivas, dado que se corren unos riesgos en los que puede ayudar en caso de caída pero, en cambio, no creemos conveniente utilizarlo de forma sistemática en los desplazamientos urbanos. Debe tenerse en cuenta que en el resto de Europa, donde el uso de la bicicleta es mucho más habitual que en nuestro país, es extraño ver ciclistas urbanos con casco. De alguna forma, resta normalidad a un acto -desplazarse en bicicleta- que es lo más normal del mundo.
Se ha ido demostrando, en los pocos lugares donde se ha implantado la obligación de llevarlo, que esta medida hace disminuir el número de desplazamientos en bicicleta. De hecho, este ha sido el argumento principal utilizado en Francia para rechazar su uso obligatorio.
Nos parece prioritario buscar las condiciones de seguridad adecuadas (señalización correcta, infraestructuras para bicicletas, pacificación del tráfico) y no la falsa seguridad de colocarnos un casco y rebajar el resto de medidas (atención continua, señalización de maniobras...).
En este documento recomendamos el uso del casco en las actividades que conlleven algún riesgo para la integridad de los alumnos (excursiones a parajes naturales, circuitos de habilidad). Sin embargo, en el resto de actividades (educación vial, salidas por la ciudad) recomendamos que el alumno, y sus padres, decidan si debe llevar casco.
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