U9 | Los espacios y las infraestructuras de la bicicleta
La bicicleta es un medio de transporte con necesidades propias en el espacio público, si bien son de muy bajo coste si se comparan con las que requiere el tráfico rodado a motor.
Incluso pueden llegar a tener un coste cero en aquellos entornos urbanos en los que los distintos medios de transporte conviven de forma tranquila y no es imprescindible diferenciar los espacios de cada uno.
Esta demanda de servicios se circunscribe básicamente al carril-bici, los aparcamientos públicos y la señalización específica. En relación al carril-bici, se trata de una vía de circulación destinada específicamente al tránsito de bicicletas, segregada del resto de espacios viarios dedicados
a los otros sistemas de desplazamiento.
El carril-bici puede estar delimitado simplemente mediante señalización horizontal –franjas continuas de color blanco y pictogramas sobre el pavimento– o incorporar elementos de pequeño tamaño que hagan de
barrera física y ofrezcan una mayor protección al ciclista. Incorpora asimismo señales verticales con símbolos indicativos y, en aquellos puntos en los que interacciona con el tráfico rodado, semáforos específicos.
Cada municipio, en el momento de planificar su red de carril-bici, debe escoger habitualmente la mejor solución que se adapte a sus necesidades y a su configuración urbana, teniendo en cuenta la seguridad del ciclista y la del resto de usuarios de la vía pública. Para ello, deberá tener en cuenta criterios como el volumen y la velocidad del tráfico, el volumen previsto de ciclistas, el espacio existente y las características del entorno urbano más inmediato.








